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Divertimenta

Jesús Morales Bermúdez

Jesús Morales Bermúdez y su Divertimenta

Por Martín Lienhard

Nacido en 1947 en la vieja ciudad colonial de San Cristóbal de las Casas (Jovel para quienes quieren acordarse de su pasado prehispánico), Jesús Morales Bermúdez forma parte de esa especie de escritores –hoy en vías de extinción– que aceptan, con cada libro, un reto nuevo. Divertimenta es una sorpresa más para sus lectores antiguos, para quienes conocimos el trabajo de su autor a través de obras como On o t'ian. Antigua palabra. Narrativa indígena ch'ol (1984) y Memorial del tiempo o vía de las conversaciones (1986). En aquellos años, Jesús, que había concluido la carrera de Antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de la ciudad de México, acababa de salir de una larga e intensa experiencia científica y existencial entre los indios ch'oles de la selva chiapaneca. Monografía etnográfica, libro de testimonios y panorama de la narrativa oral ch'ol al mismo tiempo, On o t'ian. Antigua palabra llamó inmediatamente la atención no sólo de los antropólogos, sino también de los amantes de la literatura. Una de las audacias de esta obra poco convencional fue la de presentar los testimonios de los ch'oles en castilla, es decir en la "media lengua" que los indios solían emplear en sus contactos con los forasteros; una lengua que los propios indios, en el contexto de la globalización, venían haciendo cada vez más suya, expresiva y poética. En su libro sucesivo, Memorial del tiempo o vía de las conversaciones (1987), la misma lengua, recreada ahora con mayor libertad poética y en el marco de un relato de testimonio-ficción, restituía el hablar indígena con una inmediatez y una plasticidad inéditas. En sus obras inmediatamente posteriores, Ceremonial (1992) y La espera (1994), Morales Bermúdez, acogiéndose a formas más cercanas a la tradición novelesca, indagó poéticamente las formas de pensar, de hablar y de actuar de las poblaciones indígenas y mestizas de su terruño.

Con Divertimenta, el autor cortó las amarras –ya algo roidas– que todavía lo ligaban a una especie de "etnografía" literaria. Sus sesenta piezas configuran un abanico de microrrelatos en los cuales la invención narrativa, libre de tareas documentales o didácticas, se funde con la poesía. Al asomarse a estos textos brevísimos, el lector se abre a una experiencia que recuerda, en algunos aspectos, la que brindaba el Guckkasten, juguete óptico de fines del siglo XIX: un armario poligonal erizado de oculares a través de los cuales el espectador maravillado podía asomarse, como soñando, a los mundos más diversos. Como las instantáneas –generalmente exóticas– que se veían en las pantallas luminosas de esos armarios, los relatos de Divertimenta parecen ocultar, detrás de su diversidad aparente, una misma lógica de concepción. Pero aquí acaba la analogía entre la magia visual del Guckkasten y la magia verbal del libro de Morales Bermúdez. A diferencia de las pantallas del primero, que sólo ofrecían imágenes congeladas, cada una de las "cajas" de Divertimenta suelta, cuando la abrimos, una historia completa. Algunas de estas historias son –o se asemejan a– mitos. "Proscenio 2", por ejemplo, protagonizado por los dioses, explica el origen del sol, de los eclipses y del comal, mientras que en "El foso" se narra cómo, por la necesidad de compartir el agua con las serpientes, los pobladores de una zona golpeada por la sequía se transforman en ofidios. "Rito" se refiere al abrazo cósmico y fecundante, recordado luego en un ritual colectivo, entre "el hombre" y "la tierra". Otros relatos despliegan, en no más de dos páginas, toda la saga –fundación, auge y decadencia– de un pueblo ("Santuario", "La era", "La castalia"). En "Mito", otra saga de una comunidad, los sucesos narrados van de la instalación de un grupo de hombres en su paradero definitivo hasta el surgimiento, generaciones después, de un mito que reinventa esa historia. Otras piezas, a veces más breves aún que las que se acaban de mencionar, resultan verdaderas novelas comprimidas ; centrándose en uno o pocos momentos cruciales, narran el vértigo o el drama de una vida humana: la pasión deglutidora de Delia, joven adicta a los bailes que se transforma sucesivamente en monja y activista al servicio de los pobres para hacerse, por fin, amante de un catecúmeno ("Delos") ; las andanzas eróticas de una joven por el desierto y, al fin, el incesto con su padre ("Sufí") ; la deriva muda del abencerraje, que acaba de tomar conciencia del desapego amoroso de Harifa, su preferida ("Romance"). Una novela filosófica es "Viajar, viajar", pieza en la cual –en dos páginas– se evocan la odisea de Especio, viajero que llega a conocer setecientas lenguas antes de decidirse, al constatar la irremediable incomunicación de los hombres, a emprender un vuelo trágico.

Como el Antiguo Testamento, la Symmiktos historia del griego itálico Aeliano, las Mil y una noches, el Popol Vuh, el Romancero español, el Decamerón de Boccaccio, el Quijote de Cervantes y otras obras compuestas por acumulación, el librito de Morales Bermúdez es, pese a sus dimensiones extremadamente modestas, un mar de historias. Historias que se refieren a la creación del mundo, a los orígenes de los asentamientos humanos, al surgimiento de mitologías y ritualidades, a guerras entre comunidades arcaicas, pero también a dramas individuales de todo tipo, "nobles", "burgueses" o "plebeyos". Divertimenta es una odisea literaria a través del espacio, el tiempo y las tradiciones –orales, escriturales, pictóricas– más variadas. En "Sufí", por ejemplo, uno de los relatos más cortos, se juntan o se funden herencias del Antiguo Testamento (Lot, la mujer de sal), las Mil y una noches (Aladino) y la poesía "maldita" del científico persa 'Umar Khayyam. En "Armonía", el encuentro –en el trópico– entre Narciso y la madre del agua es también un encuentro entre la mitología grecolatina y la de los indios (o los descendientes de africanos). En "El robo", corriendo tras de la revolución sexual en las calles de París, Mona Lisa –la de Leonardo da Vinci– junta espacios y épocas distantes. En "La fuente" (la mujer que se descubre soñada por otra) y en "La caja" (las cajas que configuran una especie de laberinto) se percibe la huella de Borges. En Divertimenta se juntan, pues, las tradiciones literarias o culturales más diversas. En América Latina, el cosmopolitismo literario, nada insólito, ha sido objeto de grandes debates. Alejo Carpentier, el famoso narrador y ensayista cubano, solía decir que al escritor de esas latitudes, le resultaban familiares, inevitablemente, los diferentes mundos que la historia le dio en herencia: la América antigua, hispánica e indígena, Europa, el Mediterráneo, el Oriente. Más carnavalescos, los vanguardistas brasileños, homenajeando irónicamente a sus antepasados tupí, calificaban su propio cosmopolitismo de antropofagia: manera de subrayar la transformación a que se someten, en el país, los aportes foráneos. De antropofágico podría calificarse, sin duda, el desparpajo con el cual Morales Bermúdez, en Divertimenta, articula elementos de procedencia muy diversa.

Un texto que ha dejado huellas particularmente numerosas y profundas en Divertimenta es sin duda la Odisea. No por acaso, la figura más representativa del texto es la del viajero, de quien se mueve entre sociedades y tradiciones culturales diferentes: el viajero-filósofo ("Viajar, viajar"), el caballero andante ("El héroe"), el conquistador ("Genealogía"), la mujer aventurera ("Sufí"), el maestro rural ("El maestro"), el emigrante ("El deseo"), etc. Aunque la tradición filológica –respetuosa de los tabúes cristianos– no haya querido verlo, la epopeya protagonizada por Ulises era también, más o menos abiertamente, una odisea erótica. Algo semejante se puede decir de Divertimenta. El erotismo es una de las isotopías más evidentes del libro ; el eros aparece bajo cualquiera de sus formas, humanas o cósmicas. En "Rito", el hombre se acerca a la tierra como si fuera una mujer. La pasión erótica, el amour fou o la sexualidad desenfrenada son los desencadenantes o el motor de muchos de los dramas humanos evocados ("Romance", "Hallazgo", "Floración", etc.) ; "Delos", "Sufí" y "La noche" ilustran, además, el triunfo del eros sobre los tabúes que pretenden reprimirlo. En "Genealogía" y "Deslices", se evoca el poder de manipulación que permite alcanzar, ante la concupiscencia de los hombres, un bello cuerpo femenino. "La revelación" gira en torno a la Kastrationsangst, el famoso temor a la castración estudiado por Freud. "Naufragio" ofrece una visión onírica, casi vegetal, del safismo. Desde la semántica de su título (mentis evagatio, animo relaxatio, animi remissio), Divertimenta se presenta como un ejercicio o juego de relajamiento anímico. Gracias a este "relajamiento", el texto se abre, como sucede en los mitos, a los fantasmas eróticos que guarda el inconsciente humano.

A raíz de la sofisticación de su lenguaje, Divertimenta puede hacer pensar, a primera vista, en el "orientalismo" preciosista y atemporal de escritores modernistas como Rubén Darío. En rigor, cuando se los lee con la atención adecuada, los microrrelatos de Morales Bermúdez delatan una sensibilidad aguda al paso del tiempo y a la historia bajo cualquiera de sus formas. En varios relatos ubicados en un mundo aparentemente intemporal o mítico irrumpe, de repente, la contemporaneidad más chillona. Así, el paraíso intemporal de Diana en "El jardín" resulta –como los jardines de Coyoacán en la ciudad de México– una bellísima prisión coetánea de un mundo exterior dominado por los estallidos de los motores, los sonidos del rap y el ruido de las discoteques. Patroclo, en busca de su Helena iliádica, muere, a raíz de un accidente de carretera, en su coche deportivo ("Helena"). El viajero-filósofo de "Viajar, viajar", que parece moverse en un mar surcado por "embarcaciones fenicias", no desconoce ni desdeña la sofisticación de los aviones. En "Delos", con su tecomate, Delia anticipa sin saberlo ella –pero sin ignorarlo el narrador– la difundida costumbre o moda que consiste en no salir de paseo sin armarse previamente de una bebida embotellada. En estas historias, localizadas a primera vista en un pasado remoto, mítico o épico, los signos de la modernidad provocan ante todo un efecto irónico de distanciación, un poco al estilo del final de la última película mexicana de Luis Buñuel, Simón del desierto, cuando el monje estilita homónimo, eficazmente tentado por Silvia Pinal, aterriza, tras breve vuelo en jet, en un night-club de Nueva York. En muchas otras, el paso del tiempo y las transformaciones que auspicia o permite sirven para construir la propia trama narrativa del relato. "De la prensa" y "El deseo" se basan en el drama contemporáneo de la emigración hacia el Norte. En tres de las narraciones mencionadas al comienzo, "Santuario", "La era" y "La castalia", la narración desemboca en la evocación de los cambios –poco positivos– que la expansión del capitalismo provoca en la periferia. En "Carraquitas", el recuerdo de los sacrificios humanos de un pasado remoto se funde con el mito moderno de los robachicos, un rumor urbano según el cual las constructoras van secuestrando personas para sacrificarlas y garantizar así la solidez de sus edificios.

Volviendo por fin a los Guckkasten del comienzo, urge aclarar que la analogía propuesta, iluminadora pero al mismo tiempo insuficiente para dar cuenta cabal del libro de Morales Bermúdez, deja en la oscuridad el hecho decisivo de que los relatos de Divertimenta no son fotografías ni películas, sino textos. Al asomarse a ellos, el lector topará, en primer lugar, con la palabra. El lenguaje que sostiene los relatos de este libro evidencia u oculta, según los casos, una gran sofisticación. Sin que se pueda siempre decir exactamente porqué, el lenguaje que se despliega en los relatos de Divertimenta resulta un idiolecto literario inconfundible. Uno de sus rasgos más llamativos –y relevantes– es su concisión: una concisión poética, apoyada en la polisemia de las palabras y el uso de la metáfora. El momento crucial de "Romance" –que corresponde al instante en el cual el altivo abencerraje descubre el desamor de Harifa– cabe en una sola frase : "Un tajo al corazón quebró al abencerraje". Con una precisión que sólo permite el lenguaje poético, la metáfora capta la intensidad del golpe, semejante al que tumba a un toro u otro animal en el matadero, y el efecto de destrucción que provoca en su víctima. En "Sufí", el príncipe y la joven viajera, tras descubrirse padre e hija, "escanciaron el vino dulce de Khayyam". Esta última frase parece evocar –y evoca sin duda– la ceremonia que consiste en compartir una jarra de vino, pero no se agota en esto: el "vino dulce de Khayyam" alude a la poesía embriagante de 'Umar Khayyam, poeta persa "maldito", y prepara así el terreno para la transgresión sexual –el incesto– en que culminará el relato. En ésta como en la frase comentada anteriormente, la metáfora –la poesía– está al servicio de una brevedad que no implica ninguna pérdida de "información". Desde luego, la metáfora –omnipresente en el texto– cumple también otras funciones. En una expresión como "la Ariadna de sus dudas" ("Los amantes"), por ejemplo, sirve para enriquecer semánticamente la "duda" del protagonista, reforzando al mismo tiempo, con su alusión al mito del Minotauro, el tejido intertextual del relato.

También en cuanto a su sintaxis, su léxico y sus aspectos fónicos, el lenguaje de Divertimenta explora múltiples repertorios en busca de la poesía. A la tradición poética en lenguas neolatinas remiten no sólo los tropos, sino también ciertos giros sintácticos, las rimas internas y las aliteraciones. Un sintagma como "del camino en un recodo" (en vez de "en un recodo del camino"), por ejemplo, recuerda (en "La caja"), la sintaxis latinizante de la poesía renacentista. Otro, "un cordero azoraba asombros" ("Dos hombres"), combina diversos recursos poéticos: el neologismo por derivación ("azorar" > "azoro"), la aliteración (azorar-asombros) y el énfasis por tautología ("azoro" y "asombro" son sinónimos). A nivel léxico se observa el uso de palabras de origen nativo, locales, arcaicas, poco usuales o apócrifas: "chicozapote", "xomitl" o "xochipal" aportan el sabor del vocabulario mesomericano de origen azteca, "carraquita" (calavera) el del léxico regional, mientras que "esláteos" (africanos traficantes de esclavos) o "efod", palabras por lo menos inusuales, incitan a soñar otros universos léxicos. En una carta al autor de estas líneas, Jesús Morales Bermúdez, refiréndose a su léxico, afirmó lo que sigue : "Cultivé en mi adolescencia el amor por las palabras y por la lengua española. Creo conocerla un poco y contar con un registro de palabras poco usuales pero que forman parte de mi vocabulario corriente". Los rasgos apenas señalados y otros que los lectores descubrirán por su cuenta hacen del lenguaje de Divertimenta un instrumento muy peculiar, perfectamente apropiado para ir en pos de la meta máxima de su autor: "lograr la suspensión de la belleza a través de las palabras".

Zürich, 2008.