Reseñas, artículos, notas, entrevistas. Esto se dijo de los libros de El 8vo. loco. Esto opinaron nuestros autores.
Dos imaginarios que conviven
Por Gabriel Cetkovich Bakmas | Perfil | 15.05.2011
Periodista y escritor, Ramón Ro¬mero nació en Paraná en 1852. Allí fundó junto con José Sixto Álvarez, más conocido como Fray Mocho, un periódico de breve vi¬da: Fray Gerundio, en el que pu¬blicó por entregas Los amores de Giacumina. Giacumina es una jovencita de "piernas gurdas" que para desgracia de "so tatas é so mamas" "cambiaba dei novio co¬mo di calzuncillo y cada dos ó trei mesis caiba in novo pritendiente". Desbordada por su sexualidad, la "mochacha" no tiene reparos pa¬ra trapichear con cuanto hombre se le antoje. Y como un personaje de la picaresca, no hay yunta que termine sin riñas, golpes y mordi¬das. Romero crea un lenguaje que le permite pintar los estereotipos de época, pero con la suficiente autonomía como para superar las barreras de lo decible. Con el co¬coliche replica el gesto idiomático de la gauchesca. Y también, como Estanislao del Campo en Fausto, recurre a su personaje para con¬tar en tono paródico una obra de la "alta cultura". En ambos casos, la parodia no pretende ridiculizar, sino poner en escena el contacto de dos universos imaginarios di¬ferentes, lo qué hoy llamaríamos transculturación. Las valoraciones que recibe de sus contemporáneos dan cuenta de sus efectos en una sociedad en tránsito a la modernidad. Juvenal lo justifica sólo en su función de profilaxis social: cualquier mujer "liviana", alegaba, "palidecerá ante el desesperado fin de Giacumina". El Licenciado Vidriera lo condena no sólo por la ignominia del perso¬naje, sino por ese lenguaje que es visto como una amenaza porque "la juventud argentina se limita a copiar servilmente a los autores de afuera". El Progreso, por último, celebra el éxito de la obra y "el pin¬toresco lenguaje de los genoveses", que reproduce Romero. Nosotros agradecemos la oportuna reedi¬ción de la novelita. Y también el estudio preliminar.