Reseñas, artículos, notas, entrevistas. Esto se dijo de los libros de El 8vo. loco. Esto opinaron nuestros autores.

Insurgencias del recuerdo

Catalo Bogado Bordón

Mis relatos intentan recuperar la memoria

De paso por Buenos Aires, conversamos con el escritor y periodista paraguayo Cátalo Bogado Bordón con el hotel BAUEN como escenario. Partiendo de la historia como materia prima, el narrador señala la importancia de la memoria como herramienta de cambio y asegura que con la llegada al gobierno de Fernando Lugo se reavivó la esperanza del pueblo paraguayo. E1 punto de partida para esta charla con el narrador paraguayo Cátalo Bogado Bordón es la publicación de su libro de cuentos Insurgencias del Recuerdo (El 8vo Loco). Cátalo también da cuenta del esperanzador y crucial presente político que vive su país con la gestión del presidente Fernando Lugo, pasando por la particularidad de la literatura paraguaya y de la producción en guaraní; sin dejar de lado la reedición de la biografía de Arsenio Erico, El ángel que jugó para los diablos rojos.

Por Jaime Galeano | Fotos: Mariana Berger | Sudestada

-¿Tu libro fue una recopilación que realizó la editorial El 8vo Loco o es tuya? ¿Elegiste vos el cuento que figura en la tapa por algo en especial?

-Sí, "Encuentro" lo elegí porque es una especie de metáfora del Paraguay. El protagonista no mata a tiempo a la serpiente que tiene delante suyo. Y esa es la metáfora de mi país, que siempre tiene la oportunidad de matar a la serpiente y, por distintas razones u otra excusa, se termina compadeciendo y la deja durmiendo. Y después, cuando lo pica, ahí recién se da cuenta del error. Así nos pasó con el Stronismo por ejemplo. Fue todo un entusiasmo el Golpe del General Rodríguez, estábamos todos contentos, todos se abrazaron y dejaron a la serpiente durmiendo. Lo mismo está pasando ahora con Lugo, se ganó una elección que no es una revolución. Porque ellos (Partido Colorado) se mimetizan rápidamente, y ahora otra vez están fuertes. Están hace 61 años en el poder, tienen una práctica y un manejo increíbles, mientras los demás se pierden en la maraña. Ni hablemos de la izquierda paraguaya, que se ha atomizado muy rápido y, como se dice vulgarmente, "pisan el palito" con facilidad. Los colorados tienen una práctica de poder similar al peronismo de acá. Para las elecciones, rápidamente se unen y apenas las ganan, se dividen y surgen como la oposición dentro del oficialismo, como fracción. Esa es la manera de continuar de forma casi indefinida en el poder. Le roban la propia bandera a la oposición.

-Existe una continuidad de hechos, personajes y situaciones que se repiten de manera conceptual en casi todos los cuentos: autoritarismo, machismo, injusticia, memoria. ¿Buscaste desde la ficción lograr un reflejo que remita a la historia reciente del Paraguay?

-Yo provengo de una región profunda, muy particular, como es la del Gauyrá, una región boscosa, con serranías, con un campesinado muy rebelde. Por eso en la década del 60, los militares colocaron sus puestos de comando allí para combatir la insur-gencia, porque estaba muy de moda por parte de la guerrilla ganar la serranía, como ocurrió en Cuba. Me tocó por desgracia ver todos esos actos de represión y, de alguna manera, la materia prima de mis cuentos fueron, siempre de forma obsesionada, la brutalidad del Estado, sutil o abier¬tamente violenta. Porque tenemos que reconocer que hubo un momento en que los militares se dedicaron a perseguir, torturar y matar a los guerrilleros. Pero después, ya conscientes de su poder absoluto de controlar el sistema, se enfocaron en otra tarea; no de matar cuerpos sino de matar el espíritu, la moral de lucha de la gente indignada. Vimos a los campesinos muertos, torturados, y levantados en aviones y lanzados sobre los montes; los cuerpos de los revolucionarios tirados a los chanchos. Yo lo presencié de chico, y hasta hoy en día queda en la memoria colectiva de los paraguayos. Pero en definitiva es una memoria muy subterránea; para los colorados no existe esta historia, para ellos no pasó nada en el Paraguay. Incluso para el Ministerio de Educación, que hoy día sigue en manos del coloradismo, el Stronismo es un paréntesis nada más. No fue una etapa donde se persiguió, se exilió y se mató a ciudadanos, simplemente fue un paréntesis.

-En la mayoría de los cuentos se observa la idea de escribir mediante un lenguaje simple, pero profundo. ¿Se trata de una elección para llegar a distintos sectores?

-Mi materia prima son hechos reales, de ahí trato de construir una literatura que por supuesto tiene sus elementos técnicos, no son libros o cuentos que pretenden el rótulo de historia. La novela permite, a diferencia de la historia, fantasear un poco con los protagonistas, introducirse en su psiquis y decir, por ejemplo, "quiso gritar" o "quiso decir pero no pudo". La idea de estos trabajos es recuperar la memoria, es contar lo que sucedió; la materia prima de estos cuentos son hechos reales. Uno puede darse cuenta a través de nombres que son verídicos, no es la ficción por la ficción. No estoy a favor de una literatura que busque la parafernalia ni de hacer pirotecnia retórica para impresionar al lector. Al contrario, trato de recurrir a un lenguaje simple para que el pueblo pueda entender, que la historia sea verídica y, de paso, que cumpla la función de recuperar la memoria que se trata de esconder a beneficio de unos pocos.

-¿Existieron, entonces, los personajes de los relatos "Ycuá Bolaños" o "Galeano Tavy"?

-En el caso de Ycuá Bolaños, es un personaje ficticio, pero el hecho sucedió, murieron más de 400 personas. Para mi personaje, el hecho de Bolaños es un circunstancial, accidental. Lo que ahí se trata de mostrar es todo el proceso que vive el pueblo paraguayo, que es la migración ya sea interna o externa y el desarraigo masivo. De ese personaje que perdió su familia, mostrar las condiciones previas, de cómo vino a parar a la ciudad. Tuvo que vender sus tierras a unos brasiguayos y, presio¬nado por cuestiones económicas y políticas, termina viviendo en la ciudad. Es una parte del drama que vive todo el campesinado paraguayo. Sutilmente, es lo que el cuento quiere denunciar.

Y Galeano Tavy es un caso crónico de allá. Es un personaje que cada pueblo tiene. Es un loco entre comillas que anda divirtiendo a la gente con aspecto haraposo, pero que no tiene historia. Nadie piensa si él alguna vez tuvo una juventud, si tuvo una familia, cómo fue que llegó a convertirse en ese personaje. Yo le doy una historia, un pasado, que es un poco la metáfora del Paraguay. Tiene raíces tan profundas que en el cuento dice: "Yo no conozco otra tierra ni otra tierra me conoce". Esto coincide un poco con el golpe de Estado de Rodríguez del 2 y 3 de febrero, que fue la caída del stronismo, esa es la metáfora del cuento.

-A la hora de pensar la narración en guaraní, ¿cuánto del lenguaje puro se pierde cuando se elige expresarse netamente en castellano?

-Yo por lo menos soy un guaraní hablante. Siempre digo que hay una influencia y a la hora de escribir, uno se da cuenta de que la del guaraní se da más que nada en la cuestión de concordancia entre el castellano y el guaraní. Por eso digo que el castellano paraguayo existe, es el yopará, así como también existe el castellano argentino. Pero, en definitiva, la idea no se pierde porque yo pienso que el ser humano es igual en todo el mundo. No se puede decir que fulano es un gran poeta en guaraní y no en castellano. Eso no tiene sentido, un poeta es un gran poeta, no importa su nacionalidad. La cuestión pasa por la idea que se transmite. Yo creo que el guaraní es una lengua que aporta mucho y que enriquece bastante, por lo menos los críticos de Roa Bastos dicen que lo importante de Augusto fue esa imagen que transmite, que justamente deriva del guaraní.

-¿Está capacitado el pueblo para leer escritores que escriben directamente en yopará (mezcla de guaraní y castellano)?

-En el Paraguay ahora existe un auge de escritores que escriben en yopará y en guaraní puro. El idioma guaraní, para decirte algo de su capacidad, se da el lujo de traducir obras universales como El Quijote..., El Martín Fierro, obras de García Lorca, etc.

Por comodidad, la gente lee en castellano, pero hoy cada vez más lee en guaraní. Imagínese que luego de 500 años, el guaraní hablante no solamente era una persona marginada sino castigada, en la escuela y otros ámbitos. Hoy en día no, por primera vez el Guaraní es una materia obligada, entonces, la gente tiene que leer su propia lengua.

-¿Cómo ves el panorama cultural y literario a partir del cambio que generó Fernando Lugo?

-Hay una especie de causa que provoca la esperanza del cambio, pero no se está tomando todavía ningún rumbo, yo no veo por lo menos eso. Es como poner una película en pausa y esperar unos minutos, no sé cuándo se va disparar, más como se trata de una encrucijada en la historia, y si va ser hacia la izquierda o hacia la derecha, si va ser para mejor o para peor. Los actuales protagonistas son personas que crecieron con la dictadura, muchos de ellos se beneficiaron, entonces yo no veo que sea muy fácil el cambio. Yo creo que por lo menos deberán pasar una o dos generaciones para tener una auténtica cultura que apunte hacia un país con justicia y libertad. La mayoría de los escritores actualmente tratan de justificar, incluso de jugar un poco con la historia, desde las comedias, tratar temas muy dolorosos pero con una superficialidad que lo único que hacen es que obtengan impunidad los personajes.

-¿Cuál es el escritor más importante de Paraguay, teniendo en cuenta que Roa Bastos es el más consagrado?

-Yo creo que el escritor más grande que produjo el Paraguay es Gabriel Casaccia, el más profundo y conocedor de la psicología del paraguayo. Su trabajo no sé dónde ubicarlo dentro de la literatura latinoamericana, pero sin dudas es uno de los más importantes representantes. Claro que Roa Bastos es nuestro embajador, la figura más emblemática, a lo mejor otros no tienen el reconocimiento que tuvo él, pero deberían. A mí me cuesta creer cómo Manuel Ortiz Guerrero, que es el poeta más querido en Paraguay, acá en el Río de la Plata muy poca gente sabe de su existencia. A Rafael Barret no lo ubico como paraguayo, pero escribió mucho en el Paraguay; su influencia de anarquista prendió fuerte y le dio conciencia a mucha gente, dio una orientación a otros de hacia dónde debe apuntar la literatura. Fue uno de los primeros en crear un estilo denun-cialista, testimonial, genial. La tarea más importante de un escritor es la de testimoniar la época que le toca vivir, y lo tiene que hacer con total honestidad, en el sentido de no ser parcialista. Contar la verdad como se presenta, no maquillando por cuestiones ideológicas o religiosas de manera panfletaria.

-¿Qué estás escribiendo en la actualidad?

-Mi trabajo básicamente se centra en biografías de grandes personajes que los conocemos de nombres, como José Félix Bogado. Escribí la de Ortiz Guerrero y la de José Asunción Flores. Acabo de publicar una reedición de la biografía de Arsenio Erico porque tuvo una excelente aceptación. Erico fue muy popular en Buenos Aires y nos basamos más en su persona que en sus logros deportivos, que dicho sea de paso son muchos récords que hasta hoy siguen vigentes en Argentina. Goleador en un campeonato con 47 goles en 34 partidos. Hizo 293 goles para Independiente solamente. Pero la faceta que no es tan conocida es la de un hombre muy honesto, solidario y patriota que tuvo Paraguay. Tenemos que recordar que él jugaba para la Cruz Roja cuando el Paraguay estaba en guerra contra la hermana república de Bolivia. Estuvo de gira con la Cruz Roja paraguaya por el Uruguay, después por acá y luego de que lo ven jugar los amistosos, el club Independiente compra su pase. El donó la totalidad del mismo. Y cuando tuvo el enorme prestigio acá, su casa fue el refugio de todos los paraguayos que venían huyendo de las revolu¬ciones. Además de sus colegas, en su casa había jugadores uruguayos, rusos, italianos, y otros que no tenían un salario digno por jugar en un club chico. Todos iban a comer a su casa y él siempre fue muy solidario, se la bancaba como dicen acá, cosa que no es muy corriente dentro de ese ambiente, ¿no?