Reseñas, artículos, notas, entrevistas. Esto se dijo de los libros de El 8vo. loco. Esto opinaron nuestros autores.
Dirigido por Rocco Carbone y Marcela Croce, y con la colaboración de once figuras notables de la cultura nacional, acaba de aparecer bajo el sello El 8vo. Loco el primer diccionario especializado en el tema en 40 años.
Por Christian Kupchic | Diario Tiempo Argentino | 04.11.10
De acuerdo con la particular certeza que nos entrega Ricardo Piglia en su Respiración artificial, al género epistolar lo mató el teléfono. Posiblemente sea muy cierto (y en el momento en que el autor propone el aserto ni siquiera existían los celulares). Siguiendo la misma línea, habría que convenir en que la irrupción de Internet terminó con las obras de consulta, como enciclopedias, diccionarios, catálogos y otros textos de referencia.
A juzgar por las dificultades que atravesaron y atraviesan instituciones seculares y prestigiosas en este sentido, como la Enciclopedia Británica, la idea parece tener sustento. Y no obstante, en nuestro país hubo quienes aceptaron el riesgo y se largaron a producir y editar el Diccionario Razonado de la Literatura y la Crítica Argentinas (Siglo XX), dirigido por Rocco Carbone y Marcela Croce, y del que acaba de aparecer el primer tomo (A-G). Obviamente, no puede sorprender que la editorial a cargo de esta empresa casi utópica se llame El 8vo. Loco. En el "Preámbulo" que abre el libro, todo un ejemplo de frescura y profundidad a la vez, Ana Ojeda, responsable de la edición, declara: "Entretejer un diccionario nos dio la posibilidad de detenernos en cómo se construye un canon, cuáles son las intenciones que hoy en día legitiman a autores y obras y a partir de qué mecanismos. En definitiva, la posibilidad de mezclar y dar de nuevo, independizándonos de las opresivas exigencias del mercado. Resistiéndolas, desde la conciencia de que sólo pensando el margen desde el margen se arriba a conclusiones acordes con el contorno que las ve nacer y, en este sentido, útiles para pensar la realidad que nos toca vivir, que moldeamos día a día, entre todos".
Esta declaración de principios realizada en un paisaje de prejuicios y mezquindades, donde quizás a causa de ello en literatura no abundan los diccionarios especializados (el último que tomar en cuenta, por Pedro Orgambide y Roberto Yahni, tiene 40 años: se editó en 1970), resulta un enorme estímulo no sólo porque, como afirma Ojeda, permite observar con claridad cómo se construye un supuesto canon, sino también porque entrega una excelente panorámica de la creación literaria que va de comienzos del siglo XX a la actualidad.
En principio, el modelo que seguir fue tan claro como ambicioso: el Dizionario Bompiani delle opere e dei personaggi di tutti i tempi e di tutte le letterature cuyo primer volumen apareció en 1947 y que se vio completado con el Dizionario Bompiani degli Autori, una obra monumental que abarcó 12 tomos. (Hay edición en castellano.)
La importancia de estos títulos fue reconocida con el patrocinio de la Unesco y se convirtió en una referencia absoluta a partir de la originalidad de la propuesta: cada entrada estaba respaldada por la firma de un crítico, autor o académico de reconocido prestigio.
El Diccionario Razonado de la Literatura y la Crítica Argentinas sigue el mismo principio, contando con la colaboración de 32 firmas que abarcan distintas especialidades (de acuerdo a si el autor es poeta, narrador, ensayista, etcétera), y un cuerpo especial de once personalidades –Jorge Boccanera, Roberto Raschella, Horacio González, Eduardo Rinesi, Gustavo Guevara, Sylvia Saítta, Annick Louis, Saúl Sosnowski, Graciela Montaldo, Horacio Tarcus y Noemí Ulla–, que se ocupan de "casos especiales".
Lo más interesante es que se dibuja un entramado de subjetividades sumamente enriquecedor, al ver enfoques diversos en la manera de abordar a los diferentes autores. Aun en casos complejos, como lo puede representar César Aira (a cargo de Montaldo), no sólo se nos proporciona una radiografía bio-bibliográfica bastante completa, sino toda una teoría acerca de su obra articulando en el corpus del campo literario. Resulta hasta divertido comprobar cómo determinados nombres ocupan a veces espacios impensados y otros se ven recortados a una información que cumple sólo con los requisitos formales.
Por otra parte, es de destacar el criterio amplio, generoso, en la selección de autores. No importa a qué región geográfica respondan, ni la producción con la que cuentan, ni la franja etaria que representan (hay autores muy recientes que ya figuran recopilados). No son altisonantes los casos que no aparecen representados, y en todos los casos, en la información que se brinda siempre hay un dato que rescatar. Además, no faltan redireccionamientos que permiten asociaciones entre autores diversos (algunos esperables, como de Borges a Bioy o Boccanera a Gelman, otros menos previsibles, como de María Luisa Bastos a Silvia Molloy o de Eandi a Horacio Quiroga).
Georges Perec, ese trapecista del lenguaje, se animó a interrogar en Pensar, clasificar: "¿Qué es lo que se me pregunta?, ¿si pienso antes de clasificar?, ¿si clasifico antes de pensar?, ¿cómo clasifico aquello que pienso?" De haber conocido este Diccionario habría celebrado el espíritu lúdico que, dotado del debido rigor, significa quizás el último acto serio de la literatura argentina. Al menos, hasta que llegue el Tomo II.